El Photoshop del malestar cotidiano

Actualizado: ago 26


Leo en un periódico la descripción de lo que una mega estrella de Hollywood hace para estar espléndida y ser aclamada por su público. La periodista nos aclara: “el cuerpo estupendo de Aniston es el resultado de la mejor cosmética, pero también de costosos tratamientos, del trabajo conjunto de todo un equipo de profesionales y de muchas horas diarias de dedicación por parte de la actriz” [1].

Esta actriz es un producto de Hollywood y quiere seguir siéndolo, quiere que la sigan contratando y eso exige mantener su imagen. A la vez, proyecta una imagen, un estereotipo de mujer feliz, mujer en forma y eternamente joven.

Nada de esto es nuevo, hace cuarenta años o mas, cuando las mujeres iban a la peluquería se encontraban con revistas del corazón que mostraban los estándares de belleza de la época y aquello a lo que se debía aspirar.

Es algo que describe muy bien la serie “Madmen” que muestra los inicios de la publicidad y su asociación con la psicología en la sociedad consumista americana de los años sesenta del siglo pasado

Estas figuras se convierten en un ideal. Hay muchas formas de ideal social, mujeres guapas y en los últimos años hombres guapos, también siempre fueron figuras de interés los intelectuales, los deportistas, los líderes políticos, los artistas, etc.

Se trata de personas que adquieren un estatus que las hace reconocidas para los demás.

Sin embargo, hay algo nuevo, propio de esta época. Es la aspiración, de gente que no ha hecho nada relevante, de convertirse en ese ideal. Tan sólo por aparecer en las redes sociales viene a ocupar el lugar de estas figuras del pasado.

Evidentemente esto ocurre porque hay dinero detrás. Dinero que aporta la publicidad y nuevas formas de marketing.

Instagram es el centro de este cambio de paradigma (hay más: Youtube, Tik Tok, etc.) Cualquiera, en esta plataforma, puede ocupar el lugar de Jennifer Aniston. Se apela a cierta cotidianeidad y cercanía, por ejemplo, es muy frecuente que el personaje se presente como madre (mas cercano aún se usa: “mami de…”), se suben fotos de los hijos, la pareja si la hay, etc.

A las fotos, se agregan viajes, cenas en lugares maravillosos, frases que apuntan a enganchar a quien las mira. Enganchar aquí sería sinónimo de identificarse. Podemos hablar de enganchar también en el sentido de anzuelo.

Se ofrece aquello que se idealiza.

Antes decíamos que lo nuevo es cierta democratización de las figuras de ideales, ya que para ser admirado no hace falta haber hecho nada importante (una película, escribir un libro, gobernar, rodearse de otra gente importante). Admitamos que lo propio de esta época que si bien no es nuevo se ha acentuado de forma insospechada es lo que la imagen esconde.

No es otra cosa que transmitir que hay gente que vive bien, que son felices, que nos enseñan cosas positivas. Y que debemos ser sus followers, palabra inglesa que vela y endulza la idea de ser seguidores (antes se usaba fans). Así tenemos la ilusión de que obtendremos la felicidad, no siguiendo al otro sino siendo un follower.

Estos personajes se llaman influencers, otra forma de encubrir la verdad de la publicidad, ya que buscan influenciarnos, sin embargo, dicho en inglés hasta suena más lúdico, más suave. Los influencers modulan una forma de vivir, una forma de ser, una forma de pensar y así como las estrellas de Hollywood nos prometen la felicidad. Ellos/as nos dan recetas para ser más guapos, más alegres, para que tengamos más éxito.

Se convierten en gurús de la felicidad.

La clave, y aquí el engaño, es ser positivos, inclusive nos hablan de psicología positiva. Nos dan consignas: “gestiona tus emociones, edúcalas, sal de tu zona de confort, en definitiva, haz como hago yo y serás feliz”.

Pero no nos muestran el lado oscuro de la vida, el del sufrimiento, el de la repetición, el paso del tiempo, el del malestar y los síntomas. Eso no vende.

Esto nos prueba que estamos ante cierta mentira compartida. Nos ofrecen la luna y la compramos.

Sin embargo, el Photoshop no arregla nuestros problemas diarios, ni se los arregla a los influencers, ni a las mamis blogueras que también tendrán su cuota de sufrimiento para poder estar a la altura. Otra cosa es que se use para distraerse de la realidad dura que puede tocarnos vivir.

[1] https://smoda.elpais.com/celebrities/jennifer-aniston-secreto-belleza-jennifer-lopes-kylie-jenner/

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