Sobre la muerte de los seres queridos

Actualizado: 18 ago


Nos enteramos, con mucha perplejidad, que el acto de recuerdo a las víctimas de los atentados en las Ramblas de Barcelona y de Cambrils (ocurridos hace 5 años) fue interrumpido con consignas políticas de un grupo pequeño de personas. No cabe duda de que para los familiares de las víctimas habrá resultado un momento de mucha angustia. Ya lo supone la falta de sus seres queridos. Pero los actos conmemorativos, los actos en los que se recuerda a alguien son actos necesarios, y ha de ser muy difícil que no sean respetados.

Estos actos son formas de elaborar un duelo. Allí donde queda un agujero que pensamos que nunca se sutura del todo.

Muchas veces escuchamos, de alguien que perdió a un ser querido hace poco tiempo, que dice que se encuentra bien. El estar bien queda asociado a seguir adelante con la propia vida, a veces a no haber llorado, o no haber estado triste durante un tiempo posterior a la muerte del familiar o el amigo. Vivimos en una sociedad en la que estar triste o deprimido está mal visto. La tristeza se patologiza. Permanentemente recibimos mensajes en las redes sociales de que es necesario estar bien, buscar la felicidad.

Para Sigmund Freud el duelo es una reacción frente a la pérdida (real o afectiva) de un objeto amado, que puede ser real (como una persona) o abstracto (como la libertad, la patria, el ideal). Agregamos que eso es lo normal, el duelo. Su negación pasará factura.

Sin embargo, precisamente si nos permitirnos hablar de lo que supone hacer un “buen” duelo, esto pasa por recordar al muerto, por recordar lo que vivimos juntos, lo que hablamos, lo que nos enseño, los enfados y las alegrías compartidas. Esto supone experimentar la tristeza y también es necesario hacer alguna ceremonia que lo recuerde. Una ceremonia no es otra cosa que un ritual en el que se comparte la tristeza, o el recuerdo con otros. Y esto es necesario.

Lo “normal” no es seguir como si aquí no ha pasado nada. El proceso subjetivo del duelo supone desconectar del mundo que nos rodea. Esto tiene consecuencias en el trabajo y en las relaciones. La persona no se puede sustraer de pensar en aquella persona que le falta.

Son formas de bordear ese agujero y no hay nada patológico en ello.

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